viernes, 1 de enero de 2021

En fin...

 András, 01 Enero de 2021

Posiblemente tendrán que pasar varias generaciones para que sepamos reconocer todo lo que el Partido Popular ha hecho por nosotros. Con distancia, y la tranquilidad que da el tiempo, podremos agradecerle que nos haya abierto los ojos tantas veces, que identifique los problemas de una forma tan clara y que se convierta en el único partido político que acierta en la defensa de la ciudadanía. 


Salvo algunos pequeños detalles sin demasiada importancia, como haber sido el primer partido político condenado en España por corrupción, estar lleno de corruptos que han campado a sus anchas en el partido, todo el dinero robado de las arcas públicas, la obstrucción a la acción de la justicia y su constante insistencia en ser un freno a los avances en derechos sociales, por lo demás, hay que reconocerles su innegable dedicación y compromiso con la nación.


Si no fuera por ellos, no sabríamos que el gobierno socialcomunista que nos mal gobierna, tiene un plan para vacunar a los del partido y dejar sin vacuna a todos los demás. Apoyados en medios de comunicación de extrema izquierda, rojos abyectos, vendidos al servicio del partido, que tapan todas sus míseras y oscuras intenciones, el Gobierno de Pedro Sánchez trató primero, de aniquilar a toda la gente que pudo desabasteciendo el mercado de mascarillas y medios de protección. 


Después, obligaron a los proveedores a cancelar los pedidos que, la Comunidad de Madrid, por ejemplo, había tramitado. Posteriormente, asestaron un golpe definitivo a la economía, obligando a cerrar todos los comercios, aún a sabiendas de que no existía riesgo de contagio y que la gente estaba más segura en la calle que en sus propias casas. Y ahora esto, el racionamiento selectivo de las vacunas para suministrarlas de forma prioritaria a los del partido y afines.

 

Por extraño que parezca, el relato anterior no está sacado de un libro de ficción. Por desgracia, se parece más al ideario de turno y a la idea que en el PP tienen de la gestión del Gobierno de España. Lamentable, rastrero, insolidario, desleal, mentiroso... adjetivos que casan perfectamente con sus intenciones. No se puede utilizar cualquier cosa para hacer política y menos si se hace mintiendo y con el único propósito de dañar al adversario.


Dicen ser los únicos defensores de la patria (aunque ahora les ha salido un competido por la derecha), pero le hacen más daño que nadie. Politizaron con el terrorismo, con el atentado del 11M, con la pandemia, y ahora con el reparto de la vacuna. Y lo harán con cualquier cosa sin importarles las consecuencias. 


Ellos van a lo suyo, a recuperar el poder, cueste lo que cueste. Solo quieren mandar. Si tienen el poder, bien. Si no lo tienen, acusan de ilegítimo al gobierno, de matar gente o de un reparto selectivo de las primeras dosis de vacuna. En fin...


Publicado en PontevedraViva.com el día 01 de Enero de 2021





miércoles, 30 de diciembre de 2020

Bares, qué lugares...

 András, 30 Diciembre de 2020

Desde que nos ha sobrevenido todo este asunto de la pandemia, he tratado de ser objetivo con la situación a la que nos enfrentamos, comprensivo y leal con los diferentes gobiernos que tienen la responsabilidad de la gestión, y disciplinado con todas las medidas puestas en marcha para tratar de frenar la expansión del virus. Por supuesto, siempre con espíritu de crítica y con la libertad de expresión como principio por encima de todo, pero leal.


Es verdad que, buena parte del éxito para derrotarlo, depende del civismo y la responsabilidad individual de cada uno, por eso la lealtad con quienes deciden, y la responsabilidad con uno mismo y con los demás se ha hecho, si cabe, primordial en esta situación que nos ha tocado vivir.

 

No es fácil tomar decisiones, solo quienes se ven en la tesitura de tener que hacerlo se pueden equivocar. Además, no estamos ante una situación normal, con muchos contagiados y muertos, y sin más medidas, hasta la fecha, que tratar de evitar los contagios por la vía del encierro, la reducción de las relaciones sociales, los confinamientos, etc... Es decir, no hay recetas mágicas, solo hay que tener cuidado.


Desde el principio, uno de los principales motivos de conflicto entre las administraciones, ha sido establecer el límite entre la salud y la economía. ¿Qué debe primar? No es ninguna novedad que cada uno de nosotros tenemos nuestra opinión, y cada gobierno la suya. Tampoco es mentira que mientras los partidos conservadores parecen anteponer la economía, los de izquierdas lo hacen con la salud de la gente. Al menos, de cara a la galería es lo que parecen trasladar.


No quiere esto decir que a unos no les importen las personas y a otros les dé igual lo que pase con la economía, pero unos por unas razones y otros por otras, dejan siempre todo a medias. Lo único cierto es que, en ambos casos, la mayor o menor importancia que le dan a cada aspecto, depende del rédito político que les pueda aportar. Es así de triste y de real, y ya no sorprende a nadie.


De todas las decisiones adoptadas hasta la fecha, quizás la más polémica y que ha causado además un mayor roto en la economía de pequeños empresarios y autónomos, ha sido la limitación de horarios en las aperturas de los negocios de restauración.

 

Y llegado a este punto, tras varios intentos de abrir, cerrar, limitar horarios, después de tantas idas y venidas jugando con la economía de unos pocos con la excusa de la salud de todos, sigo sin entender porqué el riesgo de contagio en un bar o en un restaurante es superior al de una tienda de ropa, o una mueblería, por ejemplo. Para repartir las responsabilidades, y las pérdidas económicas, hubiese sido tan sencillo como aplicar las mismas limitaciones y medidas de seguridad en todos los negocios. Algunos bares cierren ahora a las cinco de la tarde, cuando otros comercios lo hacen en el horario habitual. Por eso, siento la necesidad de solidarizarme con un sector que, en muchos casos, podría estar bajando la reja para para no volver a levantarla jamás.


domingo, 27 de diciembre de 2020

El calor de los abrazos

András, 27 Diciembre de 2020

Es difícil, pero debemos mantener la ilusión y la esperanza de que todo va a ir mejor, aunque todavía veamos el horizonte negro. Las cosas no van a ser como querríamos, no como eran hace un año. No podremos relacionarnos con normalidad durante un periodo largo de tiempo. Esto se alarga. No queremos, pero es así. Ni en nuestras peores pesadillas imaginamos nada peor. Pero está ocurriendo. Ahora. Hoy. Y hay que asumirlo, nos guste o no. Es nuestra realidad.


No es nada fácil mantenerse optimista cuando todo parece ponerse del revés. Cada día hacemos un gran esfuerzo para mantenernos positivos y no dejarnos llevar por la tristeza y las malas noticias. Pero las malas noticias no cesan y es necesario, primordial, que eso cambie.


¿Qué podemos hacer mientras tanto? No bajar la guardia ante el virus que nos ha cambiado la vida para siempre. A lo que ya sabemos (mascarilla, distancia de seguridad, higiene, lavado de manos y evitar en lo posible reuniones con personas no convivientes) hemos de añadir ahora la ilusión por la vacuna. Pero, sobre todo, la esperanza de que todo va a ir mejor para poder seguir celebrando la vida. ¿Difícil? Muchísimo.


Porque la situación nos asusta y hasta nos desborda. Porque este monotema dirige nuestras vidas en todas sus vertientes: trabajo, salud, conciliación familiar, economía, ocio, tiempo libre… Porque casi todos conocemos a alguien que está afectado por la enfermedad o por la situación económica. Todos estamos preocupados … y mucho.


Pero como el tiempo no se detiene, con virus o sin él, debiéramos celebrar las pequeñas grandes cosas de la vida, aún con unos pocos, los más cercanos. Un cumpleaños, un aniversario, una buena noticia, un mensaje de alguien inesperado... Porque la vida son subidas y bajadas, risas y llantos, ahora y siempre, pero en estos momentos cobra más sentido que nunca.


Y aunque veamos el horizonte negro (sí, hay días malos, y muy malos incluso) no permitamos que el virus nos arrebate más de lo que ya ha hecho hasta ahora.


A muchos les ha quitado a sus seres queridos (lo peor siempre, por irreemplazables), les ha impedido acompañarlos en los hospitales, celebrar acontecimientos importantes, velar a los difuntos, acudir a los trabajos y a los centros educativos a nuestros hijos. Nos ha dejado sin trabajo o medio de subsistencia, disfrutar de celebraciones y fiestas, anulado nuestras vacaciones, practicar deporte... Nos ha limitado las reuniones con nuestras familias y amigos. Nos ha quitado el calor de los abrazos, y nos hemos dado cuenta de cuánto los necesitamos.


¿Le vamos a permitir que nos quite la esperanza e ilusión? ¡Por supuesto que no! Al menos sin presentar batalla. No será fácil, lo sé. El futuro se presenta incierto, así que celebremos la vida por dura que sea, porque esto también pasará.


sábado, 26 de diciembre de 2020

Vamos por mal camino

 András, 26 Diciembre de 2020

Cada semana, observamos cómo el Congreso de los Diputados se convierte en un ring político, donde hay de todo menos política. Si un ciudadano quisiera utilizar las sesiones parlamentarias para formar su opinión sobre a quién debería votar en las próximas elecciones, encontraría de todo menos propuestas. Al contrario, lo que abunda son las amenazas, los insultos, las descalificaciones y las referencias a etapas oscuras de nuestra historia.


Esta tendencia a convertir la sede de la soberanía nacional en un antro de mala muerte, presenta enormes riesgos para la propia democracia, además de agrandar la brecha entre la sociedad y la política, algo que, de llegar a convertirse en ruptura, podría tener difícil arreglo.


¿Qué tiene que suceder para que nuestros representantes se dediquen a hacer su trabajo? Estamos en medio de una pandemia, que ha sido la mayor desgracia que nos ha ocurrido en más de cuarenta años, y ni en esas circunstancias son capaces de comportarse como deben. Al revés, se atizan injustamente acusándose de barbaridades. 


El efecto de todo ello en la sociedad es brutal, porque incrementa el desencanto ciudadano respecto de sus representantes, y aumenta la desafección hacia las instituciones, especialmente hacia el Parlamento.


La sociedad no está tan dividida como la clase política, no está tan polarizada. Todo lo contrario de lo que hacen los políticos, que han consentido que la política de extremismos se haya adueñado del debate, y que se haya impuesto a la moderación. 


El lío que han formado al respecto de la renovación de cargos en el poder judicial, define perfectamente el respeto que la política le tiene a la democracia. Poco, evolucionando a muy poco. El bloqueo que mantiene el PP es inaceptable porque, en sí mismo, es un bloqueo a la propia democracia y al mandamiento de la Constitución. Y no menos aceptable es la vía que quiere utilizar el Gobierno para resolver la situación. Sin duda, ellos son la peor amenaza que tiene la democracia en estos momentos, y si seguimos así, vamos por mal camino.


viernes, 25 de diciembre de 2020

La eutanasia de los sentimientos

András, 25 Diciembre de 2020

La Navidad es momento de sosiego, propicio para ordenar la cabeza, reflexionar, hacer examen de conciencia y, también porqué no, replantearnos nuestra forma de vida. Hace unos días leí una publicación de alguien anónimo que explicaba su situación personal poco estable, de bajón y poco ánimo, a la que la pandemia había asestado un penúltimo golpe. 


Me sorprendió que, como único aspecto positivo de su situación, indicase que había dejado de sentir y que ello le ofrecía paz y tranquilidad. Mi primera reacción fue visceral, emotiva, de compasión y pena provocada por el padecimiento del protagonista, pero a la vez me inundó un profundo deseo de evitar que algo así me pudiese ocurrir a mí. Pensé que dejar de sentir debía ser, más o menos, como deshumanizarse.


Sin embargo, ahondando en la reflexión, llegué a la conclusión de que cualquiera puede caer en lo mismo, porque existe una escasa diferencia entre la situación del autor del artículo y cualquiera de sus lectores, incluido yo mismo. Esa mínima diferencia estriba en que el autor no sabe a ciencia cierta cuáles son todas las circunstancias que lo han llevado a tal estado de ánimo, a dejar de sentir.


Por eso, sin pretender teorizar sobre un asunto tan serio, ni mucho menos trivializarlo, si asumimos que todos podemos estar así en algún momento de nuestra vida, si sabemos que podemos dejar de sentir, ¿qué nos queda?


Nos queda la vida, y sobre ella sí que podemos reflexionar con conocimiento de causa para buscar su sentido en ella misma. En su calidad, tratando de llenar de contenido la existencia, el día a día, el minuto a minuto, con vivencias, afectos, ilusiones, hechos… No dejando que transcurra anodinamente, como si nuestro tiempo fuera infinito para realizar aquello que siempre nos ha apetecido y nunca hemos materializado. Porque vivir es, en sí mismo, sentir, y quién no siente solo sobrevive.


¿Quién no ha pensado alguna vez que, de saber cuándo iba a morir, llevaría a cabo aquellos planes de vida que desde hace años tiene en mente y nunca se ha decidido a desarrollar por diversas razones? ¿Y por qué no lo hace si tenemos fecha fija?


Cuando vemos una película, o leemos un libro, lo que nos interesa es su contenido, el desarrollo, la riqueza del tema, la dinámica de los personajes, los matices, los coloridos, sus venturas y desventuras, sus amores y desamores, sus sentimientos... ¡Nadie se fija en la palabra “fin”!


Pues hagamos lo mismo con nuestra historia. Ocupémonos más del contenido que del final (que no tiene ninguna sorpresa porque siempre es el mismo). Si vivimos con sentimiento, nuestro destino será un proceso natural, pero si lo hacemos de espaldas a los sentimientos, despreocupados por vivir, nos atenazará la angustia por el tiempo perdido, ya irrecuperable. Y ahí es donde radica la tragedia, en la propia vida no vivida, perdida.


Por tanto, no dejemos nunca de sentir, porque es lo que nos mantiene atados a la vida, y nuestra obligación es vivirla. Todo lo demás es practicar la eutanasia de los sentimientos.


¡Feliz Navidad!


Publicado en PontevedraViva.com el día 25 Diciembre de 2020







jueves, 24 de diciembre de 2020

La vicepresidenta se sorprende

András, 24 Diciembre de 2020 

¿Qué ha pasado para que el Gobierno (de nuevo) cambie de criterio y decida no tramitar la ley para modificar la renovación de los cargos del CGPJ que se sacó de la manga hace un par de meses? Los cambios de criterio en el Gobierno no son novedosos, pero tampoco lo son la simpleza que utilizan para regatear las explicaciones.


Es indignante escuchar cómo la vicepresidenta sale ahora a defender la postura contraria, para decir que no está en el ánimo del grupo parlamentario socialista proponer cambio alguno, cuando fue ella misma, como miembro del Gobierno, quien tuvo la idea. Pero lo peor es que lo hace mostrando una cara y una gesticulación de incredulidad, de sorpresa, como si la prensa se hubiera inventado las intenciones que tenían antes. 


Todo para no decir la verdad, que han llegado a un acuerdo con el PP para reactivar el pastelero que se traen con el reparto de los jueces. Dígalo claro, no se ande con rodeos y, sobre todo, no nos tome por tontos, por favor. O mejor, prepare dos discursos, uno para los abnegados y correveidiles militantes, y otro para el resto de la gente.


miércoles, 23 de diciembre de 2020

Lo importante es vender

András, 23 Diciembre de 2020

Estábamos todos en vilo pero finalmente, como era de esperar, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) puso el huevo el pasado lunes para dar el visto bueno a la vacuna desarrollada por Pfizer/BioNTech contra el coronavirus, como paso previo para que la Comisión Europea otorgue esta semana la licencia de uso condicional del fármaco en los países europeos.

Menuda sorpresa, ¿no? ¿Pero no había ya firmado un mega contrato de la Unión Europea con la farmacéutica? ¿Qué se esperaba entonces que dijeran? ¿Alguien en sus cabales pensaba que dirían ahora que la vacuna no es recomendable? ¿No ven que además de la salud, hay otros intereses igual de importantes?

Podemos estar tranquilos, que no va a quedar nadie sin vacunar, porque los intereses económicos de la comercialización de la vacuna nos garantizan dosis para todos. Ya se inventarán una segunda vacuna de refuerzo a la primera, o para corregir sus errores, lo importante es vender.