viernes, 3 de julio de 2026

Norberto, patriota de pacotilla

András, 03 julio de 2026



Bertín Osborne, con otros socios, ha lanzado una empresa de telefonía. Española de Telefonía, como no podía ser de otra forma, una compañía “de derechas” porque se siente muy español y le gusta todo muy español. 


Para demostrarlo, y para defenderse de las críticas, nos ha deleitado con unas perlas xenófobas que le hacen conectar con su mercado potencial, con toda esa gente que lleva la pulserita con la bandera de España en la muñeca aunque luego tengan la cuenta en Suiza o defrauden a Hacienda, como el propio Bertin, que solo debe ochocientos treinta mil euros al fisco.


Bertín sabe perfectamente a quien se dirige, a gente incoherente e hipócrita como el. A gente descerebrada que no piensa y se deja influir por el mantra del “España es de los españoles”, un menaje tan vacío como falaz. Ya saben, Española de Telefonía, su compañía xenófoba, llena de prejuicios y con doble rasero por un tubo. 


Norberto Juan, al que siguen llamando Bertín porque su cerebro sigue siendo el de un bebé, sigue dando lecciones de patriotismo, aburrido de decir que se siente orgulloso de ser español, de mirar por España y los españoles. Todo de boquilla. ¿No sería más coherente pagar lo que debes a hacienda si quieres tanto a tu país?


Resulta contradictorio escuchar tantos discursos sobre lo importante que es España y el orgullo de ser español, mientras apareces en la lista de los mayores defraudadores a España. Mucho discurso patriótico pero cuando llega el momento de arrimar el hombro se escabullen como las ratas. Unos defraudan a hacienda, otros no han hecho la mili, ese es el patriotismo de pacotilla al que nos tiene acostumbrada la gente de ultraderecha.


Y más grave si cabe. Al parecer está previsto que Norberto participe en un programa de la televisión pública española. Imagino que será sin cobrar o que, cuando menos, se le pueda ir restando de la deuda que tiene. 


Que cada uno que sus propias conclusiones, pero el patriotismo no consiste en darse golpes en el pecho ni en llevar la bandera en la muñeca, el patriotismo es el que demostramos quienes cumplimos con nuestras obligaciones con el país, empezando por pagar los impuestos que se utilizan para costear los servicios públicos de los que disfrutamos todos, también ellos.



Publicado en PontevedraViva.com el día 03 de julio de 2026


miércoles, 1 de julio de 2026

No te dejes caer

 András, 01 julio de 2026

Hola. Me quedé pensando en nuestra última conversación, y no quería dejar pasar el tiempo sin decirte algo con calma. Sé que ahora mismo estás en un momento en el que todo pesa más de lo que debería, y en el que te cuesta ver con claridad, incluso lo que siempre ha estado ahí.


Me duele verte así. Me duele porque sé que estás sufriendo, que no te estás viendo; porque sé que te estás hablando como nunca lo hablarías a nadie que quisieras y porque te estás consumiendo.


No voy a decirte que todo está bien”, porque sé que no es así. Pero sí quiero recordarte algo que quizá ahora no puedes ver: lo que tienes y lo que eres no ha desaparecido, aunque ahora te parezca lejano o borroso. 


A veces, la cabeza se nos pone en contra y nos cuenta una versión muy distorsionada de nosotros mismos. Te conozco lo suficiente como para saber que hay en ti cosas valiosas, sólidas, que no dependen de este momento. Tu forma de estar, de pensar, de cuidar a los demás, incluso cuando tú no estás bien… todo eso sigue ahí, aunque ahora no te lo veas.


Ahora mismo estás dentro de algo que te está arrastrando hacia abajo, que te hace pequeño, que te borra. Y lo peor es que, desde ahí, parece que esa es la verdad, la única realidad, que siempre ha sido así, que no hay nada más. Pero no es verdad. No lo es.


Lo que tienes, lo que eres, sigue ahí. No se ha ido. No se ha roto. Solo está tapado por todo ese ruido que no te deja respirar ni pensar con claridad.


Y me jode, de verdad me jode que estés cargando con todo esto tú solo, creyendo que eso te define, que eres el culpable de todo lo que te rodea, porque no lo eres. No puedes seguir cargando con piedras que no te corresponden, tienes que dejarlas en el suelo y que cada quien cargue con la suya. 


No te pido que estés bien, no te pido que lo veas claro. Pero te pido que no te sueltes, que no te dejes caer del todo. Aguanta, aunque sea con lo mínimo, aunque sea sin creer en nada, aunque solo sea por inercia.


Porque esto que veo ahora no eres tú. Sé que tú sigues ahí, aunque ahora no puedas encontrarte. Estoy aquí para lo que sea. De verdad. Por favor, no te dejes caer.

viernes, 26 de junio de 2026

Época de "madrileños"

 András, 26 junio de 2026

La celebración de la noche de San Juan es el pistoletazo de salida oficioso de la época estival. Tiempo de terrazas, de chiringuitos, de turistas y de un cierto descanso para la mente.


Es tiempo también de fodechinchos. Tengo que reconocer que, a pesar de ser de las Rias Baixas, no había escuchado este concepto hasta hace un par de veranos. En esencia, los fodechinchos son una subespecie de turista que recorre las provincias gallegas con la clara intención de hacerse notar. 


Aquí, como somos muy localistas y tenemos un idioma rico en matices, casi una variedad por parroquia, disponemos de un nombre diferente según la zona. Por ejemplo, donde yo vivo, los fodechinchos son los “madrileños”.


Cualquier turista que se cae por aquí, que tenga acento castellano, independientemente de su procedencia, es calificado de  “madrileño”. Ya ven, qué culpa tendrán los habitantes de Madrid, pero así es. 


Los “madrileños” son veraneantes que campan a sus anchas por la zona de veraneo. Son aquellos que, si les dicen que no se pueden bañar porque hay una bandera que lo prohíbe, se bañan. Son los que, si hay una cola para entrar a un restaurante, miran por encima del hombro a los autóctonos haciéndoles saber que ellos pagan dónde van y tienen sus derechos.


Son los mismos que esquilman la costa a pesar de las indicaciones de prohibición, llevándose todo lo que pueden racanear. Los que, a pesar de las advertencias de que el marisco es para los mariscadores, lo justifican todo con la famosa frase de que “el mar es de todos”.


Los “madrileños”, son los que te miran mal y hacen comentarios despectivos si te escuchan hablando en gallego, y argumentan con esa famosa expresión de “en España se habla en español”. ¿Les suena aquello de “¿España para los españoles?”… pues eso.


Además, ni siquiera son rentables para la zona en la que caen agraciados, porque suelen ser rácanos en el gasto; piden para dos y consumen cinco. Son los mismos que se creen que en Galicia estamos todavía muy atrasados, que somos unos paletos y que todo tiene que ser barato.


En fin, los fodechinchos o veraneantes “madrileños”, son turistas cutres y maleducados. Por supuesto que no todos son así, pero los que vivimos en zonas de veraneo sabemos que esta subespecie es muy común y ciertamente desagradable. 


Es bien cierto que, incluso para hacer turismo y para viajar, hay que tener un mínimo de cerebro y, sobre todo, respeto por aquellas zonas que se visitan.


Publicado en PontevedraViva.com el día 26 de junio de 2026


lunes, 22 de junio de 2026

También gracias a ella

András, 22 junio de 2026


Durante mucho tiempo, para Jacobo, la tristeza no fue un estado pasajero, sino el lugar en el que habitaba. No llegó de golpe ni con estruendo, sino que se fue filtrando poco a poco, como la humedad en las paredes, hasta que todo quedó impregnado. 


Las mañanas carecían de propósito y las noches se alargaban más de lo necesario, llenas de pensamientos que giraban en círculos sin encontrar salida. 


Las cosas que antes habían tenido sentido, los pequeños rituales, las rutinas, incluso los afectos, comenzaron a perder su brillo, como si alguien hubiera bajado la intensidad de su vida sin previo aviso.


Se acostumbró a esa forma de existir. A caminar más lento, a hablar menos, a evitar mirarse demasiado por dentro y por fuera. Se adaptó a sobrevivir. Había aprendido a sostener aquel peso sin preguntarse cuánto tiempo podría seguir haciéndolo y, sin embargo, en medio de esa monotonía gris, algo empezó a moverse, casi imperceptible al principio. 


No fue una solución ni una respuesta clara, sino más bien una intuición distinta, una ligera inclinación hacia algo nuevo que aún no tenía forma definida, pero que le supuso un ligero revoloteo en el estómago, acompañado de un cierto alivio mental.


Esa nueva sensación no irrumpió con fuerza; se deslizó con cautela, como si también dudara de que se estaba colando en el lugar adecuado. ¿Merecía Jacobo permitirse sentir una ilusión? 


Aparecía en momentos breves: una idea que despertaba curiosidad, una sensación de posibilidad que rompía la rutina, un impulso inesperado por hacer algo diferente… Al principio, parecía frágil, casi insignificante frente al peso acumulado de la tristeza. Pero tenía una cualidad que la hacía distinta y, a la vez, extraña: persistía.


Poco a poco, comenzó a ocupar más espacio. Donde antes había apatía, surgía una leve expectativa. Donde todo era repetición, empezó a aparecer el matiz. La mente, que antes se aferraba al pasado o se perdía en la inercia dando vueltas y vueltas sobre lo mismo, comenzó a proyectarse hacia adelante, aunque fuera de manera tímida. 


No se trataba de una transformación inmediata ni de una felicidad desbordante, sino de algo más sutil y, por eso mismo, más real: la recuperación del interés.


Poco a poco, esa ilusión se convirtió en un punto de apoyo. No eliminó la tristeza, pero ésta dejó de dominarlo todo. Jacobo empezó a reconocerse en pequeños gestos: en la forma en que volvía a prestar atención a los detalles, en la energía que regresaba sin hacer ruido, en la capacidad de imaginar un futuro que ya no parecía vacío. La vida no se volvió perfecta, pero dejó de ser plana.


Y así, casi sin darse cuenta, dejó de habitar únicamente en la tristeza. No porque desapareciera por completo, sino porque ya no era lo único que existía. Había algo más, algo que crecía cada día alimentado por esa nueva ilusión que, sin prometer nada grandioso, le devolvía lo esencial: el deseo de seguir adelante. 


Y todo gracias a ella… y también a la ilusión. 


viernes, 19 de junio de 2026

Dilapidando dinero público

 András, 19 junio de 2026

La empresa Destino Bergen, S.L., productora del programa de la TVG Land Rober-Tunai Show de la que el propio presentador es propietario y fundador, ha sido condenada por el TSXG por despedir de forma improcedente y pagar por debajo del convenio estatal de audiovisual a uno de sus guionistas. 


Siendo esto grave, recordemos que el programa se financia con dinero público de todos los gallegos, a razón de más de cuatro millones de euros anuales, lo realmente delirante es la reacción del presidente de la Xunta al ser cuestionado por el asunto. “Estoy seguro que no será el único caso”, dijo, en una respuesta, cuando menos, inquietante. 


Primero, porque parece que no le da importancia a cómo se destina el dinero público con el que se hace el programa. Pero más alarmante es, si cabe, la ambigüedad de la respuesta. ¿Seguro que no es el único caso de qué, presidente?


¿Es que no ha sido este el primer guionista despedido de forma improcedente? ¿Acaso se refería a que no es el único programa de la TVG que paga a sus guionistas por debajo del convenio? O peor, ¿insinúa el presidente que este no es el único delito cometido por la productora?


Roberto Vilar, el humorista favorito del presidente de la Xunta, al que ha entregado el monopolio del humor en el ente público gallego, paga por debajo de convenio a sus empleados mientras recibe ingentes cantidades de dinero público. Pero la cosa ya viene de atrás, porque antes de Rueda, Roberto Vilar ya era el cómico de cabecera de Feijóo. Imagino que la presencia del juez Vázquez Taín, habitual colaborador de Vilar, no se debe a que fuera aquél quien destruyera las comunicaciones interceptadas entre Feijóo y Marcial Dorado.


No es cuestión de rizar el rizo más de lo normal, pero no estaría de más que este fuera un tema de interpelación por parte de la oposición al rodillo del PP en el Parlamento gallego. No sería mala idea que la financiación de programas audiovisuales con dinero público llevase consigo un control exhaustivo de los derechos laborales de los trabajadores.


Publicado en PontevedraViva.com el día 19 de junio de 2026


sábado, 13 de junio de 2026

Sobrepensar

 András, 13 junio de 2026


La gente que sobrepiensa tiene tres cualidades. Una, tiene una mente potente, son personas que sienten rápido que entienden profundo, que conectan puntos que otros ni ven. El conflicto aquí no es pensar, el conflicto es usar la mente para anticipar el dolor, para protegerse e intentar tener todo bajo control. 


Cuando la mente se usa para evitar sentir, entonces sí se pierde algo esencial; presencia, naturalidad y, sobre todo, vida. Cuando alguien vive demasiado en la cabeza, se desconecta del cuerpo y del presente, y aquí ya solo hay supervivencia.


Dos, tienen una enorme sensibilidad. Es decir, notan silencios, cambios de energía, notan miradas, tensiones invisibles… Pero como nadie les enseñó a sostener lo que perciben, lo convierten en duda, y empiezan a preguntarse si han hecho algo mal, no solo a ellos, sino incluso a otros. Pero esto no es debilidad, es una sensibilidad sin espacio donde apoyarse.


Tres, la más dolorosa. Tienen un potencial enorme esperando salir. Saben que podrían hablar más, mostrarse más, tomar su lugar, vivir con más amplitud, pero algo les frena, y no es falta de valor. Es miedo. Miedo a exponerse sin saber qué va a pasar después, y cuanto más se esconden, más grande se vuelve ese miedo. 


El sobrepensador no necesita arreglar su mente, necesita bajar al cuerpo, exponerse poco a poco y descubrir que puede sostenerse cuando no lo controla todo, porque pensar tanto no es el problema. El problema es olvidarse de vivir. 

viernes, 12 de junio de 2026

Doble moral

András, 12 junio de 2026



El Papa ha visitado España, y políticos de todos los colores han corrido a abrazarse y fotografiarse con el jefe del estado más corrupto y oscuro del mundo. Sobre todo los de derechas, para mostrar esa doble moral de la que tanto hacen gala. Discursos vacíos, pláticas moralistas y mucha fe. 


Sin embargo, de lo que se debería hablar es de los 94 altos cargos de la iglesia católica que durante los últimos años han tapado numerosos casos de pederastia.


Cardenales, obispos y superiores religiosos callaron las acusaciones de algunos de sus subordinados sin hacer nada al respecto. Hablamos de 1.600 víctimas, que se vieron acosadas por diferentes miembros de la iglesia. ¿Cuántos abusos se podrían haber evitado si hubiesen actuado de manera drástica y contundente desde el principio? ¿O si, simplemente, hubieran cumplido con la obligación de cualquier ciudadano de denunciar un delito?


Este sería un buen tema de conversación con Robert Francis. El arzobispo de Barcelona, una de las figuras importantes que lo ha recibido, podría comentarle a su jefe que, a sabiendas de que un sacerdote había sido acusado de abusos, no hizo nada. No comunicó el caso a las autoridades, ni siquiera abrió un expediente interno de investigación. Al contrario, lo tapó todo, igual que lo hacían sus colegas de secta en la Edad Media.


Pero no fue el único, porque otros cargos del arzobispado de Barcelona, recibieron la misma información y lo único que hicieron fue mover a los sacerdotes acusados, cambiándolos de ciudad para que el caso si diluyera, con el riesgo de que continuasen cometiendo abusos donde no eran conocidos por sus fechorías.


Esta es la práctica habitual de esta gente. Tapar los casos de abusos sexuales a menores saltándose el deber de denunciar los delitos que se conocen y ocultando a los abusadores entre la sociedad para que puedan seguir delinquiendo y arruinando la vida de mucha gente. Es decir, una estructura mafiosa, desde las altas esferas hasta el último sacerdote, para tapar y proteger a los abusadores.


Ese sería un discurso interesante, escuchar a León XIV opinando de las fechorías de sus subordinados, como un político más que es, y dejarse de espiritualidades, frases huecas y monsergas cargadas de doble moral.


Publicado en PontevedraViva.com el día 12 de junio de 2026