András, 29 mayo de 2026
La sombra de la sospecha de la corrupción planea sobre Zapatero. Respetando la presunción de inocencia, y la confianza que hay que tener en la justicia, no quita para que, con su imputación, surjan ciertas dudas razonables.
El odio de la derecha a Zapatero, la algarabía por su imputación y tantos otros ingredientes, teñidos algunos de sospecha de trama contra el expresidente, hacen pensar que lo sensato sería esperar pruebas.
Sin embargo, en la derecha se abonan al follón, se piden dimisiones, comparecencias, moción de censura, elecciones… cuando ni siquiera ha declarado el imputado. Otro dato para pensar que nada de esto es una casualidad.
En todo caso, a pesar de la cantidad ingente de casos de corrupción que asolan nuestra democracia, la imputación del expresidente, por varios delitos graves, ha supuesto un terremoto que ha conmovido a mucha gente. Sobre todo a los que, en 2004, nos creímos aquello de: “el poder no me va a cambiar”.
Es verdad que la causa se inicia a instancias de la fiscalía anticorrupción, pero no hay que olvidar que todo partió de una denuncia previa de la organización ultra Manos Limpias, basada en declaraciones del ya famoso Víctor Aldama en el programa de periodismo ficción del no menos ultra Iker Jiménez.
También es sorprendente que Feijóo aludiera a lo que iba a ocurrir cuando el caso estaba bajo secreto del sumario, y que Cuca Gamarra y Ayuso evidenciaran saber lo que se venía. Es evidente que ha habido filtraciones, y con ellas siempre se busca un impacto político.
De confirmarse la culpabilidad de Zapatero sería muy grave, pero habría de producirse con todo tipo de garantías policiales y procesales, las mismas de las que suelen gozar los líderes de la derecha imputados o, solo testigos, de las causas en las que son protagonistas.
Por ejemplo, las actividades del expresidente Aznar que no han merecido ni el más leve reproche judicial. Las Azores, el 11M, el Yak42. No se ha investigado nada.
¿Y qué me dicen de Rajoy? Hay pruebas hasta de conversaciones grabadas que le aluden, y en el juicio de la Kitchen, terrible como corrupción de Estado, solo participa como testigo.
Si dudamos especialmente de que sean ciertas las acusaciones contra Zapatero es porque molesta mucho a la derecha de este país. No solo porque les ganó las elecciones del 2004, acabó con ETA y dictó leyes muy progresistas; sino que, además, apoya a Sánchez, el enemigo número uno de la derecha española.
Me cuesta creer que no haya malas artes bajo su imputación pero hay que insistir que son las pruebas ciertas y los procesos limpios los que lo determinan.
Pero lo terrible para nuestro Estado de Derecho es ver lo poco que la ciudadanía progresista confía en la justicia española. Estamos muy quemados, y con razón. Mientras todo esto suceda, nos cuesta creer sin ver. Esa es la definición de la fe, y poco tiene que ver con la justicia.
Publicado en PontevedraViva.com el día 29 de mayo de 2026