András, 20 marzo de 2026
Cuando estaba en el colegio, siempre estaba del lado de los más débiles. Débiles en todos los sentidos. El colegio es el primer lugar en el que los chicos y las chicas empiezan a diferenciarse por grupos; los más fuertes, los más guapos, los más inteligentes y, por supuesto, los más débiles, ese grupo del que todos los demás pueden mofarse.
Sin embargo, en aquella época, el grupo que tenía más peso era el de los fuertes, el de los descarados, los que provocaban, los que desafiaban a los profesores y demostraban su valor faltando a clase. Repetidores y superdotados de hormonas que se convertían en los gallitos del corral.
Yo nunca estuve en el grupo de los fuertes, al contrario, siempre formé parte del grupo de los débiles. Es cierto que, mis características físicas, una clave importante para pertenecer al grupo de los poderosos, no acompañaban, pero también es verdad que nunca fue un trauma para mí no estar entre aquellos elegidos.
Eran muchos los que escogían la opción de la sumisión, con el único objetivo de encontrar protección, anteponiendo su tranquilidad a la posibilidad de burlas generalizadas. Analizando mi recorrido vital, con tantos años de diferencia, he pensado que el hecho de no tolerar las humillaciones a los más débiles era un rasgo de tener una conciencia comprometida, una cultura de izquierdas, porque creo que lo que hoy hace la derecha con la sociedad, es lo mismo que hacían aquellos chicos fuertes en los recreos de mi colegio.
El motivo de mi reflexión, fueron unas declaraciones recientes del expresidente Aznar, quien, en un acto de sinceridad absoluta, y en referencia a los ataques de EEUU a Irak, dijo que España debe de estar del lado de sus aliados. Lo cierto es que, en el fondo, no le falta razón, apoyar a los aliados, en cualquier ámbito de la vida, debería de ser una prioridad y lo razonable.
Sin embargo, lo que nos viene a decir es que nos pongamos del lado de los fuertes del recreo y que abandonemos a su suerte a los débiles que sufren sus humillaciones. Estar al lado de los aliados no puede ser a cualquier precio porque, incluso ellos, pueden estar equivocados en sus decisiones, por lo que ese apoyo, debe contener matices y excepciones.
¿Hay que estar al lado de los aliados cuando estos comenten actos fuera de la ley? ¿Hay que estar al lado de los aliados cuando entran en un país de forma ilegítima y bombardean a la población civil? ¿Hay que estar al lado de los matones del recreo cuando se mofan y abusan de los más débiles solo para que no lo hagan conmigo? Absolutamente, no.
Publicado en PontevedraViva.com el día 20 de marzo de 2026