András, 03 agosto de 2026
Soy de izquierdas, y por eso no me puedo callar ante lo que sucede en Nicaragua. Detrás del discurso pseudo revolucionario de Daniel Ortega, se esconde una política neoliberal que favorece a una élite vinculada a la familia presidencial. Para sostener esto, aplican una enorme represión política.
La brutalidad policial causó, al menos, 355 muertos en las protestas de 2018. Hoy, la realidad son detenciones injustificadas, encarcelamientos por motivos políticos, exilios forzados, la aberración de quitarle la nacionalidad a los críticos, el ataque a las ONG y asociaciones, y ahora, el fin de las elecciones libres.
Lo que hacen Ortega y Murillo es incompatible con los valores de la revolución sandinista y el socialismo democrático; y choca con las políticas progresistas de otros famosos líderes latinoamericanos como Mujica, Lula o Petro.
Desde la izquierda mundial no podemos ser cómplices de este autoritarismo. Ojalá pronto Nicaragua decida su futuro en libertad y los nicaragüenses sean, como una vez fueron, dueños de su propio destino.
