András, 25 agosto de 2026
Así, con esa expresión ochentera y chulesca, zanjó Isabel Díaz Ayuso, el tema del ático, aludiendo a que ya está en venta y que no se trata de seguir estirando el chicle por mas tiempo.
No es un chicle que estirar, es que se trata de un pelotazo de mas de seis millones de euros de dinero público que pretendía quedarse como vivienda privada para ella. Es que todavía no se sabe ni quién, ni porqué se ordenó ese gasto, ni qué informe técnico justificó la elección de un ático de lujo en frente de la casa de su madre. Lo mínimo, sería dejar de dar órdenes y facilitar el acceso a la documentación que, reiteradamente, se está solicitando para la aclaración, si es que la hay, del tema.
En todo caso, lo relevante de la comparecencia no es el “chao pescado”, lo verdaderamente relevante es que ha dicho que el ático puede albergar un despacho, y en esa afirmación lleva razón, porque solo podría ser así si el ático se destinase a vivienda, reconociendo, sin querer, o sin saber lo que decía, que la compra era para destinarla a su vivienda.
La corrupción se ha institucionalizado, estamos en un punto en el que ya no hay dimisiones, ni rendición de cuentas, ni si quiera explicaciones y, mucho menos, vergüenza para insistir en la mentira.
Pero la culpa no es de la presidenta, sino de los malditos comunistas, amigos de Sánchez, que insisten en saber todo lo que ocurre con el dinero público de los madrileños.
En fin, más allá de la ironía, la pregunta que debemos hacernos es la siguiente, ¿qué democracia nos queda cuando los políticos, sean del partido que sea, ven aceptable tratar de pasar página enseguida cuando hay posibles casos de corrupción en la gestión pública? ¿Se merecen los madrileños esta forma de gobernar, tan chusca, tan poco transparente y tan turbia? ¿Se merecen que una presidenta los trate como si fuesen auténticos gilipollas?