Pontevedra 30 Noviembre de 2018
Patético, lamentable, bochornoso, vergonzoso, el alcalde de Vigo con el tema de las famosas luces de Navidad.Cualquier interpretación del tema se presta a tópicos, y tanto los defensores como los detractores tienen argumentos de sobra para defender una u otra postura. Lo sé, por eso asumo que cualquier cosa que diga, tendrá su otra cara.
Lo que no debe admitir discusión, por su obviedad, es que estamos ante un personaje extraordinario, un auténtico trilero.Caballero es el vendedor de crecepelo del lejano oeste en el siglo XXI. Un populista nato, que sabe perfectamente a quien se dirige y qué debe decir para ser escuchado. Independientemente de estar o no de acuerdo con él, no se le puede negar que su papel lo ejecuta a la perfección.
Su última interpretación se produjo en el encendido de las luces de Navidad, con un desconcertante discurso con el que se dirigió no solo a los vigueses, sino al mundo entero. No es el primero ni será el último, y con cada uno de ellos el alcalde de Vigo se hace la competencia a sí mismo porque, al menos en Galicia, el regidor socialista no tiene rival. "La música y la luz van a vivir en Vigo en el árbol in our christmas time, very welcome everybody".
Pero no pasa nada, porque la entre se ríe, goza del espectáculo y se olvida de que tienen que pagar las brabuconadas de su alcalde. Así funciona el populismo, que consiste en darle a la gente lo que pide, no lo que necesita.
Caballero presume de los nueve millones de luces y de gastar más de ochocientos mil euros del erario público para iluminar la ciudad. Pero él lo considera una inversión y se atrevió a decir que el primer fin de semana ya se había rentabilizadopor el incremento del gasto de la gente, el cual achaca en exclusiva, al efecto de las luces. ¿Cuál es el número de luces que debe tener una ciudad para que sean consideradas una inversión? ¿Mide Caballero el éxito económico de Vigo por el número de luces navideñas?.
Si hablamos de luces, hay que hablar de las que le faltan a él y a los adláteres que le arropaban porque, aún siendo importante la ambientación navideña, los problemas de la ciudadanía son otros y al alcalde se le debe suponer un mínimo de nivel en la gestión que le permita diferenciar entre lo importante y lo superfluo.
Pero además de dilapidar el dinero de los contribuyentes, Abel Caballero dilapida la imagen de la ciudad,poniéndola en boca de todos por la horterada que se ha inventado de competir con las principales capitales del mundo en el número de luces navideñas.
Caballero ha deslumbrado, pero no por sus luces navideñas, sino más bien por su insaciable nivel de populismo.
Publicado en PontevedraViva.com el día 30 de Noviembre de 2018
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