Vilanova, 10 Diciembre de 2016
Estamos llegando a unos límites de
permisividad en la política, que a mi modesto modo de ver, es muy peligroso.
Pienso que a estas alturas de la película deberíamos hacernos algunas
preguntas, que no por su fácil respuesta, son menos importantes. ¿Alguien me
sabría decir, qué tendría que pasar en
el PP para que a Mariano Rajoy se le
pudiera exigir alguna responsabilidad?
Estamos hablando del Presidente del
Gobierno, del presidente del partido mayoritario de este país y de un señor que
presume, porque así es, de llevar toda su vida laboral en política. Si presumes
de currículum lo normal es que hagas honor a él. Ni más ni menos que lo
exigible a un directivo de la misma categoría.
Estoy pensando por ejemplo en Pablo
Isla. ¿Alguien en este país se cree, que si Pablo Isla cometiera la mitad de
los errores que lleva cometidos Rajoy, seguiría llevando los destinos de
Inditex?. ¿No tenemos derecho los españoles a tener al frente de nuestro país a un
directivo de la categoría del que tiene Amancio Ortega? ¿Puede alguien culpar a
Pablo Isla de trabajar a favor de los españoles y en contra de su empresa? Si
la respuesta es no, ¿por qué los españoles permitimos a nuestro “Isla” que legisle
a favor de las grandes empresas y en contra de los que le hemos contratado?
Es posible que estas reflexiones les
parezcan tonterías de un jubilado, pero dentro de las mismas, está la respuesta
a la mayoría de los problemas que sufrimos y seguiremos sufriendo si no
copiamos de Amancio Ortega a la hora de contratar y exigir gestión y
beneficios. Sería normal, al igual que hace Amancio Ortega, ligar sueldos a
beneficios, pero nuestro “Isla” liga sueldos a déficit.
Un país serio no puede estar lavando en
cada elección la conducta de sus políticos. Hasta los que no fuimos a la
Universidad lo entendemos. ¿Nos intentan decir que si un contrabandista o un
ladrón sale elegido en una lista queda libre de sus cargos? Dicho así parece
una barbaridad, y sin embargo es cierto. Son ustedes los que les colocan en las
listas y les conceden el aforamiento para liberarles y esperar a que escampe
aprovechando que controlan la fiscalía. Y como les parece poco, ya están
pensando en quitar la acusación particular. Dicen que no existe en otros
países. En otros países, se dimite por copiar parte de una tesis doctoral, y
aquí, no dimite nadie.
Estos días pudimos escuchar a Mariano
Rajoy decir que habló con Rita Barberá antes de que prestara declaración. ¿Es
esto normal? ¿Acostumbra el Presidente a llamar a todos los imputados en casos
de corrupción? ¿Es normal que no de
explicaciones de un hecho tan grave?
Sin duda alguna, este país al igual que
buena parte de Europa atraviesa por un déficit de líderes políticos en los que
confiar. Es muy triste que para buscar un referente en el Partido Socialista
tengamos que ir al fundador del partido. Después de la caída en desgracia (por
méritos propios) de Felipe González y el desastre de la gestora, se quedaron
sin referentes contemporáneos. Lo mismo le ocurre el PP, un partido más joven,
pero tanto la gestión de Aznar como ahora la de Mariano Rajoy hacen bueno a
Manuel Fraga, fundador del partido.
Otro déficit importante es la actuación
de buena parte de la prensa que ha olvidado su función primordial de informar a
sus ciudadanos. Es frustrante ver en las tertulias como un buen número de
periodistas son incapaces de dar la misma respuesta a casos con sentencia
firme. Echo en falta el periodismo de altura y valiente que con información
veraz cree opinión en la ciudadanía. Es demencial ver periodistas presumir de
destapar la corrupción, al igual que Esperanza Aguirre, y acto seguido los
pillan confeccionando dossier falsos para ayudar a la administración engañando
a la ciudadanía. Las tertulias políticas las están convirtiendo, ellos solitos,
en programas del corazón. Para informarse de forma adecuada, tienes que navegar
por Internet de la mano de periódicos digitales. El papel ya no informa,
adoctrina.
Algo estamos haciendo mal para que
estemos retrocediendo tanto en calidad democrática como en derechos que
creíamos consolidados. No veo normal que nuestros hijos, con más preparación,
tengan que vivir peor que nuestra generación. Dinero sí hay, pero mal
repartido.
Me da la impresión que estamos bajando
mucho la guardia, y si no nos movemos nosotros, nadie lo hará. La globalización
ya no se puede parar, pero nuestra fuerza puede aliviar el dolor de mucha
gente. Pienso que llegó la hora de quitar de nosotros la capacidad crítica de
Bertohl Brecht, y dado que vivimos un momento en el que tenemos en el poder a
gente que quizás nunca pensamos tener, es bueno aplicarse lo que él consideraba
como analfabeto político: aquel que no oye, no habla, no participa en los
acontecimientos políticos. No sabe el costo de la vida, el precio de las alubias,
del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de que los remedios dependen
de decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que
se enorgullece y ensalza el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de
su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de
todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las
empresas nacionales y multinacionales.
Murió hace 60 años, pero su análisis
parece de hoy y muy acertado a la realidad que estamos viviendo. En este
momento seguro que mencionaría los desahucios, el corte de luz, los recortes en
educación, sanidad etc.. Solo tienes que poner los nombres que todos tenemos en
mente y se podrá decir aquello de que “cualquier parecido con la realidad actual
de España es pura coincidencia”.
Publicado por Ángel Varela Señoráns (Jubilado de Correos)