jueves, 21 de mayo de 2026

Morir de pie

András, 21 mayo de 2026

Una vez escuché una historia que me conmocionó y de la que he aprendido para aplicarla en mi vida. No sé si es verdad, si se trata de una fábula o, simplemente, de una invención de alguien con una cabeza más ordenada e ingeniosa que la mía, algo, poco difícil. 

La historia se la contaba un hombre mayor a un niño que pretendía ser como él de mayor, que lo admiraba y lo tenía como un ejemplo a seguir. 

Alfredo comenzó la narración y Totó lo escuchaba con los ojos y la boca abiertos como platos:

Un soldado, pobre, se enamoró perdidamente de la hija de un rey. Un día, la casualidad los juntó, logró hablar con ella y le confesó su amor.

La princesa, conmovida por la intensidad de sus sentimientos, le puso una condición: "Si eres capaz de esperar cien días y cien noches bajo mi balcón, entonces, seré tuya".

El soldado aceptó y esperó día tras día. Pasaron 10, 20, 50 días... bajo la lluvia, la nieve, el viento; sin comer y sin dormir, el soldado permaneció firme en su lugar, esperando.

Cuando llegó la noche 99, el soldado, tras haber sufrido inmensamente y estar casi al borde de la muerte, se levantó, recogió su silla y se fue. 

Totó, sorprendido porque el soldado se rindiese en el día 99, le preguntó a Alfredo por qué había abandonado si solo le quedaba un día para lograr el amor de la princesa. Alfredo le mostró, en ese momento, el verdadero aprendizaje de aquella historia a Totó.

“Totó, no se puede esperar eternamente por alguien que no valora el sacrificio, y a veces es mejor irse con la dignidad intacta. Morir de pie es más digno que vivir de rodillas”.

En aquel momento, a Totó aquella explicación no le convenció. Años más tarde, comprendió lo que Alfredo había querido decir, cuando la vida lo puso en el lugar de aplicar aquel aprendizaje, cuando dejó de ser Totó para convertirse en Salvatore. 


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