András, 03 mayo de 2026
Yo, yo, yo y yo. No ha habido nunca nadie tan listo como yo. No hay nadie que haya conseguido los éxitos que yo he conseguido. Soy la envidia de todo el mundo, me felicita todo el mundo, y no consiento que nadie me critique. A quien me critique, lo voy a perseguir con todas las armas posibles. No tolero la crítica.
Así, se puede resumir, no ya la personalidad, porque eso sería entrar en un análisis psicológico, sino simplemente las declaraciones y las actuaciones públicas del presidente Trump. Nunca nadie, como él, había expresado y había materializado un narcisismo y una egolatría tan grandes.
Este año, que se van a cumplir 250 años de la independencia de los Estados Unidos, se diría que se trata de una conmemoración del propio Trump, porque va a estampar su fotografía en una edición de pasaportes y va a poner su firma en los billetes de dólar.
Pero no solo eso, le puso su nombre al templo de la música clásica en Washington, el famoso Kennedy Center, ha derribado una parte de la Casa Blanca, que no es su casa, sino la casa del presidente de turno del país, para hacer un salón desproporcionado y lleno de dorados, ha puesto su nombre a una flota de barcos de la Armada y así, es un no parar…
La pregunta que cabe con una persona así, y que acumula tanto poder, es: ¿cuanta de su acción política está dirigida por los que le asesoran o desde su ego?
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