András, 02 agosto de 2025
Mientras millones de españoles se las ven y las desean para poder disfrutar de unos días de descanso, Feijóo se permite el lujo de decir que las vacaciones están sobrevaloradas. Es fácil para quien va todo el día subido en un coche pagado con los presupuestos generales del estado, no saca la cartera para pagar nada en todo el día y ocupa un puesto de trabajo regalado y bien remunerado.
Lo hizo con sorna, en una rueda de prensa oficial, rodeado de asesores y cámaras, sabiendo que el sí puede elegir cuándo parar. Pero su frase no es solo una torpeza más de un incompetente, es una provocación de clase, una burla a la España que trabaja y le cuesta llegar a fin de mes.
Refleja una desconexión total con el pueblo, al que madruga, aguanta jefes tóxicos y vive con el miedo al despido. No estamos, por tanto, ante una simple anécdota o una gracia mal entendida, sino ante la confirmación de un político elitista que lleva años viviendo de lo público, veraneando con narcos y que pretende darnos lecciones de esfuerzo a los demás.
El descanso no es un lujo, es un derecho, uno de tantos que hemos logrado a pesar de Feijóo y su partido. Feijóo no ha cometido un error, ha dicho lo que piensa, que no es otra cosa que desprecio clasista disfrazado de ironía. Lo realmente sobrevalorado no son las vacaciones, sino este señor, torpe, incapaz, desleal y patético, al que los poderes mediáticos de derechas de este país pretenden encumbrar a la presidencia del gobierno.
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