András, 08 septiembre de 2023
Ya lo cantó
Serrat, “…son aquellas pequeñas cosas que nos
dejó un tiempo de rosas, en un rincón, en un papel o en un cajón… y que nos
hacen que lloremos, cuando nadie nos ve”. Un quiosco, no es una pequeña
cosa que se pueda esconder en un cajón, pero puede hacer que lloremos cuando
nadie nos ve, sobre todo, si ha formado parte de tu vida durante casi cincuenta
años.
Esta semana,
cuando leí la noticia, me vi muchos años atrás, pasaron por mi mente cientos
de recuerdos, de personas, de olores, de vivencias, que me hicieron saltar alguna
lágrima, aunque, por fortuna, nadie me vio.
El quiosco que
mis padres tenían en Vilanova, y que fue parte
del sustento de nuestra familia durante tantos años, había sido demolido.
Una cuadrilla de obreros municipal, con unos cuantos martillazos, convirtieron
en escombro buena parte de los recuerdos de nuestras vidas que, en unos minutos,
se mezclaron con un amasijo de ladrillos rotos.
Hacía años que el
quiosco había sido abandonado, una vez que mis padres se jubilaron, pero en él
perduraba una gran parte de mi historia de infancia y juventud. Allí pasé
muchos veranos, vendiendo y leyendo periódicos. Allí hice amistades con chicos
de mi edad que veraneaban en el pueblo. Allí mantuve largas conversaciones con
amigos que eran casi como mis padres, a los que me gustaba escuchar y de los
que, sin duda, aprendí muchas cosas. Allí descubrí mi afición por la
escritura y allí, en definitiva, aprendí a valorar el trabajo y lo que
cuesta conseguir las cosas.
Por eso, cuando
me enteré de su demolición, noté como si me hubiesen arrancado un trozo,
como un profundo dolor en mi interior, que hizo que el resto de la tarde
careciese de sentido. Quizás hubiese sido mejor tomármela libre, a fin de
cuentas, estaba llorando la falta de una parte de la familia.
Con la
desaparición del quiosco, sentí ese dolor que nos causan algunas situaciones
que, creyendo pasadas, de vez en cuando vuelven para hacernos revivir momentos que,
en su día fueron importantes, y que se convierten en inolvidables. Para mí, recordar
el viejo quiosco, significó un momento de recogimiento, con recuerdos que me
hacen retrotraerme años atrás, porque el quiosco forma parte de muchos de
los mejores momentos de mi vida. Por eso siempre permanecerá en mi memoria,
porque es, en gran medida, responsable de lo que yo soy ahora como adulto.
Sin embargo, no
puedo dejar de pensar en la poca iniciativa y la nula sensibilidad del
Concello, que no se le ha ocurrido la idea de poner una placa en el lugar
para homenajear a quién, durante tantos años, formó parte de la vida del
pueblo, vendió los primeros ejemplares de prensa escrita y, en definitiva, se
dejó parte de su vida sirviendo a los demás.
Así que lo haré
yo, dedicando este texto a homenajear a Rosa Gestoso, que se pasó más de media
vida entre las cuatro paredes de aquel quiosco. Los periódicos no solo son de
quienes los escriben, los editan y los leen. Los periódicos, también pertenecen
a los que los distribuyen, porque contribuyen a la expansión de la
información.
Ni los veranos
calurosos, ni los fríos inviernos, ni las gripes, que cada año la dejaban medio
muerta, hicieron que Rosa dejase de atender su obligación de vender la prensa
diaria un solo día. Por todo ello, gracias, en mi nombre y en el de tanta
gente que valoraba tu trabajo.
Publicado
en PontevedraViva.com el día 08 de septiembre de 2023