András, 27 abril de 2026
La imagen de la vergüenza, la imagen de la indignidad, de la carencia absoluta de principios y de moralidad tiene nombre de mujer. Se llama María Guardiola Martín. No entiendo la cara de satisfacción en el acto de investidura como presidenta de Extremadura, tras el acuerdo con un partido de ultraderecha, en un pacto infame y bochornoso.
Guardiola es la imagen de la superficialidad, la que no tiene escrúpulos, la imagen del vacío, del escaparate. En el fondo, no deja de ser una ignorante que ha antepuesto el sillón de mando a cualquier precio. La misma que en las elecciones del año 23 dijo que no metería en su gobierno a quienes no condenaban la violencia de género y criminalizaban a los inmigrantes. La misma que volvió a convocar elecciones para ver si podía librarse de ellos, los ha vuelto a meter en el gobierno, pero con más poder todavía.
Guardiola quedará como la presidenta que permitió a la ultraderecha imponer su ideario, el mensaje de la prioridad nacional para dividir entre españoles buenos y malos.
A pesar de decir que no se podía travestir de Vox, de haber llamado machista a Abascal, su discurso mudó para afirmar que comparte ideas parecidas en el tema del feminismo o que son más las cosas que les unes que las que les separan. ¡Menuda hipocresía, María Guardiola!
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