viernes, 26 de diciembre de 2025

El negocio de la dictadura

András, 26 diciembre de 2025


Desenmascarando el franquismo, una breve explicación sobre la corrupción en la oscura etapa de la dictadura, para quienes se empeñan en repetir que con Francio se viviría mejor y que los males de la democracia no existían.


La realidad es que el franquismo no solo fue una etapa de represión, falta de libertades y persecuciones, fue un negocio, el mayor expolio económico de la historia de España. Tras la guerra, el régimen confiscó miles de empresas, tierras y viviendas a quienes habían apoyado a la República. 


De ello, se encargaban las comisiones de incautación, que entregaban sus bienes a los afines al régimen; militares, banqueros, falangistas y, cómo no, obispos, siempre tan preocupados por la defensa de las libertades y la economía. Así fue como nacieron muchas fortunas.


El propio Franco, que amasó una ingente fortuna personal gracias a comisiones ilegales, fincas regaladas y donaciones forzadas, llegó a ser uno de los hombres más ricos de Europa mientras el país pasaba hambre. Su esposa, Carmen Polo, conocida como la Collares, acumuló joyas y obras de arte de familias desposeídas.


La corrupción empezó en el Pardo, y a su alrededor se tejió una red de empresarios afines al régimen que se enriquecieron con contratos y monopolios asignados a dedo. Los March, banqueros del régimen, los Oriol, dueños de eléctricas, los Koplowitz, los Entrecanales, los Samaranch, y un ramillete de amiguetes que se ataron a un capitalismo construido sobre el miedo y el silencio.


Por tanto, la corrupción en el franquismo no era una anomalía, sino que era el propio sistema. El estado entregaba contratos sin control, se cobraban comisiones ilegales y el el poder judicial respondía ante el Caudillo. Robar era, ni más ni menos que, obedecer.


Con la Transición no se juzgó a nadie, no se devolvió nada. Las empresas del régimen siguieron operando, ahora bajo gobiernos democráticos. Pero la herencia del franquismo no fue solo económica, sus hombres siguieron en los despachos de la judicatura, en los cuarteles y en las comisarías. La obediencia se mantuvo, y solo se cambió el retrato en las paredes.


Se heredaron los cargos, las tierras, los bancos y los apellidos. Cambió el régimen, pero no los dueños del país. Mientras unos heredaban fábricas y fortunas, otros heredaron silencio, represión y miedo.


Publicado en PontevedraViva.com el día 26 de diciembre de 2025


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