András, 23 enero de 2026
El suyo fue un encuentro a puerta cerrada, que se desarrolló lejos de la presencia de los periodistas. Sin embargo, en cuanto salió por la puerta del despacho oval, le faltó tiempo para salir al encuentro de los medios y "hacer un Dominguín", emulando al diestro tras su famosa noche con Ava Gardner.
Dominguín tenía razones para presumir, al menos en los años 50; pero Corina Machado, en pleno siglo XXI, no. Es más, la venezolana alardeaba de sufrir una humillación en forma de estocada con tres trayectorias bien definidas: una, la del pueblo venezolano, dos, la del premio Nobel y, tres, la suya propia.
Embelesada por el jefe del cortijo, abrumada por la presencia del imperio, dijo sentirse impresionada por el conocimiento de Trump sobre Venezuela, sobre todo por su sensibilidad con el sufrimiento del pueblo venezolano.
Pero no solo fue generosa en elogios verbales, ya que, durante el encuentro, le obsequió con la medalla del Nobel de la Paz que recibió en diciembre como "un reconocimiento por su compromiso único con nuestra libertad".
En fin, lo único claro en este serial caribeño, es que Trump tenía razón cuando dijo que la líder de la oposición venezolana no estaba preparada para dirigir el país.
Ciertamente, desde las reverencias de Josep Piqué, que mostró un celo inusitado doblando el espinazo con reverencias impropias de un ministro al jefe de otro Estado al pie de la escalerilla del avión cuando acudió a recibir a Bush al aeropuerto, no se había visto nada igual.
La imagen de sumisión de la señora Machado con quien invadió su país y mató a compatriotas suyos, solo puede calificarse de traición. Curioso recorrido el suyo, le dieron el Nobel de la paz por luchar contra el chavismo, y le ha regalado el premio a quien pretende perpetuar el chavismo.
Publicado en PontevedraViva.com el día 23 de enero de 2026
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