András, 27 julio e 2025
Hoy es tu cumpleaños, y te sigo echando de menos. Ojalá pudieras volver aunque sólo fueran unas horas, para sentarte conmigo en el banco del pilón y contarte todas las novedades.
Me escucharías como solía hacer, con atención, y pondrías esa cara tuya de tristeza, bajando los ojos con gesto de aprobación. Sé que me entenderías, que aunque no estuvieses de acuerdo me apoyarías y que, a pesar de no entenderlo todo, me dirías que todo está bien.
Aquí las cosas han cambiado mucho, vivo en tu casa, me siento en tu rincón al atardecer, aquel en el que tanto te gustaba disfrutar de los últimos rayos de sol del día, y trato de mantener todo con la misma ilusión que tú lo hacías.
Esa ha sido tu legado, el espíritu de valorar aquello que los de antes han hecho y tratar de mejorarlo.
Aquí, en el banco del pilón, te siento a mi lado, puedo olerte y escuchar el tono de tu voz. Incluso siento que me estás escuchando y que, de alguna forma, ayudando a continuar erguido en este trago que me ha tocado vivir. Sé que me entiendes, porque la vida tampoco fue fácil para ti. Cuando aquellos a los que tanto queremos nos han convertido en su peor enemigo. Compartimos incluso esto.
Te echo de menos, porque ahora me haces falta. Qué pena que eso que cuentan de una vida después de la vida sea una falacia, porque me encantaría volver a verte, encontrarme contigo, abrazarte y contarte todo lo que te dije y todo lo que me faltó por decirte.
Pero eso no ocurrirá. Lo que sí sucederá es que mientras yo esté en este lado, tu recuerdo seguirá vivo, continuarás sentándose en el banco del pilón y formarás parte de mis pensamientos diarios.
En todo caso, sólo quería felicitarte el cumpleaños y decirte que el martes iré a Santa Marta, a comer el pulpo, ¿recuerdas?
¡Te quiero abuelo!