András, 03 abril de 2026
Decir no a la guerra no es un dilema de izquierdas o derechas, es decir no a todas las guerras, es negar la violencia, es rechazar el terrorismo, el integrismo religioso, los nacionalismos violentos, el imperialismo, el machismo, la explotación infantil, las autocracias, las teocracias, las oligocracias.
Decir no a la guerra es seguir pensando en Gaza mientras maldices a Hamas y rechazas el sionismo homicida. No a la guerra debería decirse una vez al día, los padres y las madres a los hijos y las hijas, los políticos y las políticas honestas a la ciudadanía, los abuelos y las abuelas, que padecieron la violencia, a sus nietos y nietas que ahora se ríen con las gracias de rentistas reverdecidos por el idiotismo y la incultura.
Decir no a la guerra es enterrar a los ayatolás feminicidas. Es pensar por un minuto cuantas guerras han resuelto algo, cuantos millones de cadáveres hemos visto para nada. Decir no a la guerra es renunciar a matarnos los unos a los otros, es ver crecer a nuestros hijos, es disfrutar de nuestro gato, respirar la fragancia de los bosques o amar a alguien.
Decir no a la guerra es morir en paz, no morir en vida porque a nuestros hijos les ha caído un dron en la cabeza. Es comer sin esquivar las balas. Es escribir un rato y disfrutar de las palabras que fluyen libres. Decir no a la guerra se dice y se piensa, se defiende y se manifiesta.
Decir no a la guerra es decir si al progreso, si a los derechos humanos, si a las reglas de un juego justo y equilibrado. Decir no a la guerra es abolir el armamento nuclear, las máquinas que matan a los hombres, las mujeres, los niños, las niñas y nos destruyen mutuamente para que no quede nadie que pueda celebrar la victoria.
Decir no a la guerra es abrazar a la humanidad, que sepa que estás ahí para defenderla y hacer de ella un objetivo de vida. Decir no a la guerra es decir no al fascismo, porque el fascismo no tiene ideología, lo inventó el odio y es la propia guerra.
Publicado en PontevedraViva com el día 03 de abril de 2026